Ponerse un vestido negro, sin adorno ni brillo. Desenrollar el velo sobre la cara, o ajustarse la capota, mezcla de cofia y tocado. Y, una vez en la calle, aventurarse a la sala y meterse por un sector especial al palco enrejado. Así iban al teatro las viudas de principios del siglo pasado. Así llegaban, por ejemplo, al recinto subterráneo de la porteña Galería Güemes, que aún conserva esas plateas, cerradas con celosías de bronce para permitirles a ellas ver el show pero no dejarse ver.

A principios del siglo pasado, el luto era un mandato que se cumplía al pie de la letra, sobre todo en las mujeres. Muerto el marido, la esposa debía abandonar toda vida pública, visitas al teatro incluidas. Es por eso que existían estos palcos, también llamados grillé o baignoire. Los viudos, en cambio, podían sentarse en cualquier ubicación, sin que importara en lo más mínimo su estado civil.

El Colón tenía estos palcos, y también una de las salas del subsuelo de la Güemes, inaugurada en 1915 en Florida 165, entre Mitre y Perón. Esta galería fue destacada hace poco en el primer simposio sobre primeros rascacielos que se hizo en el mundo, “First Skyscrapers Skyscraper Firsts”, organizado por el Consejo de Edificios Altos y Hábitat Urbano (CTBUH) en Chicago.

Las plateas con rejilla pueden verse incluso hoy, en los laterales del ahora llamado Teatro Astor Piazzolla, donde todas las noches hay cena y show de tango. “Las viudas entraban por una suerte de galería subterránea”, explica Cecilia Osler, directora de la sociedad que administra la Güemes. Lo dice mientras muestra esos viejos palcos de celosía dorada, cuya mitad inferior quedó por debajo del nivel actual del suelo.

Es que “el piso de la sala hoy está un metro más arriba que como era originalmente. Ahora se ve la mitad superior de esos palcos”, detalla Juan Fabbri, director artístico de Palacio Tango, el complejo teatral que integran las salas Astor Piazzolla y Carlos Gardel.

Hernán Vizzari, especialista en costumbres funerarias, cuenta que “el enrejado se levantaba cuando se apagaban las luces y comenzaba el repertorio, y se bajaba nuevamente cuando arrancaba el intervalo”.

Los palcos para viudas del Teatro Astor Piazzolla perdieron su uso original, pero ganaron otros: guardar tubos de aire acondicionado y ser la última sorpresa en las visitas guiadas a la galería, un resabio de hace un siglo impensable en estos tiempos.

Por: Karina Niebla
Fuente: Clarin.com